LOS TRES ANGELES

DEFENDIENDO EL ADVENTISMO DEL SÉPTIMO DÍA

       

¡¡¡Si Uno de Ellos!!!

Por Russell Standish y Colin Standish

    Satanás deseaba destruir el ministerio de Juan el Bautista... Cuando Salomé, instigada por su impía madre, pronunció las terrigles palabras: “Quiero que me des ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista” (Marcos 6:25), ni uno de los líderes y miembros de la iglesia de Dios que estaban reunidos en el banquete de Herodes ofreció una palabra de protesta. ¡Ni siquiera uno! Todos fueron culpables del asesinato de Juan el Bautista.
Nótense las palabras de la Hna. White. Por favor léalas cuidadosamente: “Herodes quedó asombrado y confundido. Cesó la ruidosa alegría y un silencio penoso cayó sobre la escena de orgía. El rey quedó horrorizado al pensar en quitar la vida a Juan. Sin embargo, había empeñado su palabra y no quería parecer voluble o temerario. El juramento había sido hecho en honor de sus huéspedes, y si uno de ellos hubiese pronunciado una palabra contra el cumplimiento de su promesa, habría salvado gustosamente al profeta. Les dio oportunidad de hablar a favor del preso. Habían recorrido largas distancias para oír la predicación de Juan y sabían que era un hombre sin culpa, y un siervo de Dios. Pero aunque disgustados por la petición de la joven, estaban demasiado entontecidos para intervenir con una protesta. Ninguna voz se alzó para salvar la vida del mensajero del cielo. Esos hombre ocupaban altos puestos de confianza en la nación y sobre ellos descansaban graves responsabilidades; sin embargo, se habían entregado al banqueteo y la borrachera hasta que sus sentidos estaban embotados.
Tenían la cabeza mareada por la vertiginosa escena de música y baile, y su conciencia dormía. Con su silencio, pronunciaron la sentencia de muerte sobre el profeta de Dios para satisfacer la venganza de una mujer relajada” El Deseado de Todas las
Gentes, págs. 193–194. “¡Si uno de ellos!” ¡Solamente uno! Una voz en esa gran multitud de hombres quienes “ocupaban altos puestos de confianza en la nación”, aquellos hombres quienes “habían recorrido largas distancias para oír la predicación de Juan”. Aquellos hombres sabían bien “que era un hombre sin culpa, y un siervo de Dios”, aquellos hombres quienes se sintieron “disgustados por la petición de la joven;” solamente se requería una voz para detener la ejecución de Juan, el profeta del primer advenimiento,
y para sostener su piadoso testimonio. Nosotros, como ministros ordenados del Evangelio, nos rehusamos a permanecer en silencio mientras que el testimonio de la mensajera de Dios para los últimos días, la profetisa del segundo advenimiento, es destruido después de su muerte. ¿Levantaremos nuestras voces en su defensa? Exhortamos a cada fiel laico, a cada fiel pastor, a cada fiel administrador de la iglesia, a levantarse y hacer lo mismo, no porque nosotros no lo hemos hecho, sino porque Dios lo exige. Permanecer en silencio en esta era de crisis, es un pecado de gran magnitud. “¡Qué engaño tan sorprendente y terrible ceguera había, como una nube oscura, cubierto a Israel! Esa ceguera y apostasía no los había cercado súbitamente; los había rodeado
gradualmente cuando no escucharon la palabra de reproche y de advertencia que el Señor les había enviado a causa de su orgullo y de sus pecados. Y ahora, en esta terrible crisis, en la presencia de los sacerdotes idólatras y del rey apóstata, permanecían neutrales. Si Dios aborrece un pecado más que otro, del cual su pueblo es culpable, es no hacer nada en caso de una emergencia. La indiferencia y la neutralidad en una crisis religiosa es considerada por Dios como un crimen grave e igual a la peor clase de hostilidad en contra de Dios.” Testimonies, tomo 3, págs. 280–281.
La última oración de este párrafo es bien conocida para muchos adventistas del séptimo día sinceros. Las palabras que le preceden son leídas menos frecuentemente. Aquí, la Hna. White se está refiriendo a Elías en el Monte Carmelo. Se nos informa que todo Israel estaba presente (1 Reyes 18:19). Esa vasta multitud claramente incluía “siete mil” en Israel, “cuyas rodillas no se doblaron ante Baal. . . . ” 1 Reyes 19:18. Cuando Elías desafió al pueblo en presencia del rey Acab y de los profetas apóstatas, el valor de esos que no adoraban a Baal aparentemente les falló, porque “el pueblo no respondió palabra”. 1 Reyes 18:21. Nadie, con la excepción de Elías, se atrevía a levantar la voz en defensa de la fe, ¡ni siquiera uno! A pesar del hecho de que el pasaje que citamos anteriormente del espíritu de profecía se refiere a la crisis espiritual en la época de Elías, el título del capítulo claramente demuestra que el enfoque de la Hna. White no estaba en la iglesia de Dios en el siglo nueve A.C. , sino en nuestra iglesia, porque el título del capítulo es “La Iglesia de Laodicea.” El mensaje es para nosotros. En los años 1950, 1960, 1970 y1980, incontables millares de adventistas del séptimo día que creían en la verdad, escogieron mantenerse callados cuando los lobos intentaron de manera decidida echar abajo nuestra fe mediante la introducción de la Nueva Teología en el conglomerado de las doctrinas que fueron dadas a los santos de Dios. La Nueva Teología fue promovida en nuestro medio por profesores universitarios, administradores denominacionales y pastores de iglesia quienes la insertaron hábilmente entre nosotros con sofismas sutiles. Como en el festín de Herodes, cuando aquellos que conocían las sagradas credenciales de Juan el Bautista permanecieron silenciosos, de igual manera ocurrió con la mayoría de los adventistas del séptimo día, hasta el punto de atreverse a acusar a los que lo arriesgaron todo y se preocupaban por la integridad de la verdad Divina, de criticar a la iglesia. Los tales cometieron el terrible pecado de la neutralidad y hasta de hostilidad hacia la verdad divina, en medio de una crisis vergonzosa. Ninguna posición en la organización de la iglesia o en la iglesia local,ningún temor a la destucción de la reputación, ningún miedo de la denuncia eclesiástica o al ostracismo, podrá usarse como una escusa válida o ayudará en el juicio. Recuerden: “si uno de ellos hubiese pronunciado una palabra contra el cumplimiento de su promesa, habría salvado gustosamente al profeta. . . . Herodes esperó en vano ser dispensado de su juramento.” En una iglesia, un hombre, una mujer, que esté lleno de valor, puede hacer que las cosas sean verdaderamente diferentes. ¡Solamente uno! En el 31 D.C. un hombre se mantuvo firme , solo en medio de setenta y al hacerlo, salvó la vida de los apóstoles Pedro y Juan. Su nombre era Gamaliel. “Tan airados se pusieron los judíos al oír estas palabras, [de Pedro acusándolos del asesinato del Mesías] que resolvieron juzgar pos sí mismos y, sin más proceso ni consentimiento de los magistrados romanos condenar a muerte a los reos. Culpables ya de la sangre de Cristo, ansiaban ahora mancharse las manos con la sangre de los discípulos.
“Pero había en el concilio un varón que reconoció la voz de Dios en las palabras de los discípulos. Era Gamaliel, un fariseo de buena reputación, hombre erudito y de elevada categoría social. Su claro criterio comprendió que la violenta medida propuesta por los sacerdotes tendría terribles consecuencias. Antes de hablar a sus compañeros de concilio, pidió Gamaliel que se hiciese salir a los presos, pues sabía con quienes
trataba y que los que habían matado a Cristo no vacilarían en cumplir su
propósito. “Con mucha mesura y serenidad, Gamaliel dijo entonces: ‘VaronesIsraelitas, mirad por vosotros acerca de estos hombres en lo que habéis de hacer. Porque antes de estos días se levantó Teudas, diciendo que era alguien; al que se agregó un número de hombres como cuatrocientos: el cual fue matado; y todos los que le creyeron fueron dispersos, y reducidos a nada. Después de éste, se levantó Judas el Galileo en los días, del empadronamiento, y llevó mucho pueblo tras sí. Pereció también aquel;y todos los que consitieron con él, fueron derramados. Y ahora os digo: Dejaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá: mas si es de Dios, no la podréis deshacer; no seáis tal vez hallados resistiendo a
Dios.’ “Los sacerdotes comprendieron lo razonable de esta opinión, y no pudieron menos que convenir con Gamaliel.” Hechos de los Apóstoles, pág. 68. ¡La voz de un hombre prevaleció! Nótese que en los días de Elías, la iglesia de Dios se había permitido a sí misma gradualmente el deslizarse hacia la apostasía. Los testigos fieles fueron ignorados. Analícense nuevamente las palabras citadas anteriormente: “Esa ceguera y apostasía no lo había cercado súbitamente; los había rodeado gradualmente cuando no escucharon la palabra de reproche y de advertencia que el Señor le había enviado a causa de su orgullo y de sus pecados. Y ahora, en esta terrible crisis, en la presencia de los sacerdotes idólatras y del rey apóstata, permanecían neutrales.” Como pueblo en el siglo veinte,
no protestamos en apoyo de nuestra fe dotada por Dios. No buscamos fervientemente al Señor para que la preservara. Cuando unos pocos pastores, administradores, teólogos,
evangelistas y laicos se levantaron en su defensa, fueron marginados por aquellos que amaban las palabras tolerantes del pecado de la Nueva Teología. Otros quienes todavía creían en la verdad, se sentaron cobardemente en silencio no fuera que ellos también fueran marginados, cubriendo su fracaso en defender la verdad al afirmar su lealtad hacia la iglesia de Dios y su intención de mantener la paz
. Una conducta tal constituye una deslealtad de la peor clase. Es una rebelión encubierta en contra de Dios. Es un pecado de la mayor magnitud. Cuando una total apostasía entró en la iglesia cristiana en el siglo
cuarto, Dios tenía a unos pocos fieles quienes denunciaron intrépida y abiertamente la iniquidad enfrentando el peligro de encarcelamiento, de la tortura y de la muerte. Esos nobles santos deben ser nuestro ejemplo hoy día: “Para asegurar la paz y la unidad
estaban dispuestos a cualquier concesión que no contrariase su fidelidad a Dios, pero les parecía que sacrificar un principio por amor a la paz era pagar un precio demasiado alto. Si no se podía asegurar la unidad sin comprometer la verdad y la justicia, más valía que siguiesen las diferencias y aun la guerra.” El Conflicto de los Siglos, 49.

Russell Standish, orador y autor, escribe
desde Australia, donde dirige Remnant Ministries.
Colin Standish, presidente de Hartland Institute,
escribe desde Rapidan, Virginia.
Este artículo fue tomado del libro
The Greatest of All the Prophets,
escrito por Russell y Colin Standish.

 

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     En una iglesia,

 un hombre,

una mujer,

que esté lleno de valor,

puede hacer que las

cosas

 sean verdaderamente diferentes.

 ¡Solamente uno! En el año 31 D.C. un hombre se mantuvo firme , solo en medio de setenta y al hacerlo, salvó la vida de los apóstoles Pedro y Juan. Su nombre era Gamaliel!!!

 

 En los años 1950, 1960, 1970 y1980, incontables millares de adventistas del séptimo día que creían en la verdad, escogieron mantenerse callados cuando los lobos intentaron de manera decidida echar abajo nuestra fe mediante la introducción de la Nueva Teología en el conglomerado de las doctrinas que fueron dadas a los santos de Dios. La Nueva Teología fue promovida en nuestro medio por profesores universitarios, administradores denominacionales y pastores de iglesia quienes la insertaron hábilmente entre nosotros con sofismas sutiles.